martes, 11 de marzo de 2008

Manifiesto de la sinrazón
Hubiera
sido caballo de mar para navegar por entre las nubes de una tierra sin memoria. Me hubiera gustado tirarme en la arena y quitarme estas alas que a veces pretenden que saben volar. No me gustan las despedidas pero en cambio me gusta besar a la gente con esa alegría que da encontrarlos cuando uno está al borde de perder hasta la miseria. Me alivia de momento saber que aún están por ahí mis compañeros esporádicos que nunca compraron boletos para viajar (que como yo, son polizones, qué orgullo).
Si fuera entonces mar o caballo, si fuera un grano en la tierra que es regado por las diarias lágrimas de los que siembran en silencio, les diría de cualquier manera que no me gusta decir adiós, sino pensar que si digo hasta mañana, mañana los veré a todos, de golpe, como un ayer resucitado que cae (de golpe) como un rayo de sol fuerte, que no quema sino que envuelve.
Entonces, digo hasta mañana por siempre, por cada día de trapo descosido en que he intentado jalarle el hilo a algún recuerdo y no encuentro ya ni sus sombras, contándome las historias más viejas, protegidas por un velo de sueño. Y este es un hasta mañana sin respuesta, porque el mañana se convierte todo el tiempo en el ahora y uno espera que así siga sin saberlo. (lo que a veces olvidamos es que eso depende de nosotros y a veces olvidamos que no siempre depende de nosotros)Hasta mañana el cielo que será de otro color, que tendrá nubes que jamás antes habían hablado, pájaros que no habían escrito sus vuelos, aviones de cartón y papalotes que escribirán (hasta mañana) sus nombres en el techo azul interminable...