viernes, 12 de octubre de 2007

desperate

Las paredes. El llanto. La soledad. Rayar con las uñas los muros. Mirar los ángeles decapitados. Mirar y llorar. La música, la tristeza, el silencio. La Música, la desesperación de no llegar, llegar y no encontrarte, perseguirte, correr, huir hacia ti, de ti, alejarme de tus calles, de donde tus ojos miran. Tu boca, tu boca llegando a la mía, tu boca chocando contra los muros de mis labios. La tristeza con sonido, con ritmo, la tristeza con violines, orquestada tristeza.
Los dedos cayendo sobre el diapasón. La sangre de los días que exprimo. Tus ojos, otra vez tus ojos auscultando mi cuerpo, tus ojos interrogando mis ojos vacíos. Hartazgo, ansiedad. Mi cuerpo se sacude, se muere, se llora, se deshace en espasmos que tú no entiendes. ¡Qué pasa? Pasa todo. No pasa nada. Pasa que me muero de esta locura, de esta tranquilidad. Pasa que camino y almaceno como los árboles, la lluvia en mi cuerpo. Y cuando lloro llueve sobre este triste tronco seco, muerto, roto, mi cuerpo se está echando a perder, mis brazos de ramas secas siguen extendiéndose y no llega la luna a tocarme.
¡La tristeza! La tristeza del café, de la tarde que llueve y no se decide, del día triste, todo el día triste que no culmina sino hasta que todos duermen, entonces al cielo se le aflojan las cuencas y llueve y patea y se desgañita la voz en truenos. Muero. Muero pero aquí sigo. ¿Qué quieres, qué te digo? Ya no creo en el amor. Supongo que estoy en el final. Estoy para irme, listo. No quiero nada más. Pronto llegarán cartas, gentes que se irán, mujeres llorarán con sus estrepitosas convulsiones de ambulancia, nubes que se irán para abrirme el paso. ¿Qué quieres? Abrazos. Besos. Yo quiero una piedra sobre mi cuerpo. Quiero ocultarme, perderme de tus ojos, de los ojos de todos. Estoy cansada, no tengo más. No quiero tener nada más. Mi garganta se está cerrando. Quiero dormir muchos años, quiero enterrarme en la tierra, olvidarme de que existo y ser el mueble que soy. La astilla, la piedra, la hoja seca en el suelo.
Quiero olvidarme del mundo. Pues el mundo me está olvidando desde que nací.
La Música. El llanto arrítmico, el llanto sincopado, las vértebras doblándose hacia el abismo, interrogar, escuchar. Perder. Caerme. Ponerme de pie y caminar. Aquí no pasa nada jamás. La Música. Mi silencio de cuatro cuartos, mi hastío de todo. Me voy. La Música…

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