domingo, 27 de mayo de 2007

Amado Extraño...


Yo sé lo que te duele. (Vamos a pretender por un segundo que lo sé.)
Te duele cada tango imaginario que bailas a solas en el subterráneo, te duele ese libro que tomas en las manos como si leyéndolo pudieras olvidar que estás en este Mundo.
Te duelen los niños que no sufrirán mañana, que ya sufren hoy.
Te duele cada mentira repetida por miles y miles de extraños, que a fuerza de repetirla, la han convertido en verdad. (Y esa verdad arde, porque en nada se parece a la vida.)
Quizás te duele en la memoria una imagen repasada, casi rota, de alguien que -no puedes recordar- soñaste, amaste, perdiste. Eso sólo tú lo ignoras (o lo sabes.)
Quizás te duele, Amado Extraño, quizás te punza en cada yema de los dedos el Mundo, quizá los ojos se te cierran sin quererlo tú, quizás sea tan solo este tiempo en el que has corrido sin saber porqué, ignorando absolutamente a dónde vas y si vas porque quieres o tan solo te dejas llevar.
Quizás sea sólo La Noche, que entra como un triste perro abandonado por la puerta trasera de tu corazón, a suplicarte una finísima caricia.
(Pintura de Roger Olmos)

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