jueves, 31 de mayo de 2007

me sobra el corazón

HOY SÓLO TENGO ANSIAS DE ARRANCARME DE CUAJO EL CORAZÓN Y PONERLO DEBAJO DE UN ZAPATO...



m.h.

lunes, 28 de mayo de 2007


Ayer es un gran árbol de largas ramazones, y a su sombra estoy tendido, recordando...

Pablo Neruda.

domingo, 27 de mayo de 2007

adiós Miguel (una canción que jamás tendrá Música)



Bueno, quiero decirte que aunque tú y yo emigremos -porque así lo queremos o porque la vida nos reclama en algún otro sitio- eso no impedirá que lleguen mis besos como una leve lluvia hasta tus manos.


Eso no será un pretexto para que yo deje de pronunciar tu nombre, y de esa manera, te traiga un poquito hacia mí.


En medio de tu llanto, al principio del miedo, yo voy a seguir abrazándote desde algún lugar.

Pintura: Pablo Picasso

Amado Extraño...


Yo sé lo que te duele. (Vamos a pretender por un segundo que lo sé.)
Te duele cada tango imaginario que bailas a solas en el subterráneo, te duele ese libro que tomas en las manos como si leyéndolo pudieras olvidar que estás en este Mundo.
Te duelen los niños que no sufrirán mañana, que ya sufren hoy.
Te duele cada mentira repetida por miles y miles de extraños, que a fuerza de repetirla, la han convertido en verdad. (Y esa verdad arde, porque en nada se parece a la vida.)
Quizás te duele en la memoria una imagen repasada, casi rota, de alguien que -no puedes recordar- soñaste, amaste, perdiste. Eso sólo tú lo ignoras (o lo sabes.)
Quizás te duele, Amado Extraño, quizás te punza en cada yema de los dedos el Mundo, quizá los ojos se te cierran sin quererlo tú, quizás sea tan solo este tiempo en el que has corrido sin saber porqué, ignorando absolutamente a dónde vas y si vas porque quieres o tan solo te dejas llevar.
Quizás sea sólo La Noche, que entra como un triste perro abandonado por la puerta trasera de tu corazón, a suplicarte una finísima caricia.
(Pintura de Roger Olmos)

Oda al Gato

(para todos los gatos del mundo, gracias por existir)

ODA AL GATO (DE PABLO NERUDA)

Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.
El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.
No hay unidad como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa

como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.
Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.
Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.



Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.

de Espantapájaros

Oliverio Girondo
VIII, de Espantapájaros

" Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera! Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo -me pregunto- todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un egoísmo... de una falta de tacto.
Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas. Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas todas juntas a la mierda. "

Soneto XVII de Pablo Neruda, Cien Sonetos de Amor

Soneto XVII
No te amo como si fueras rosa de sal,
topacio o flecha de claveles que propagan el fuego:
Te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva dentro de sí,
escondida, la luz de aquellas flores
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,

si no así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

¿a dónde...?

¿A dónde vuela el sueño, porqué de pronto me abandona? ¿Qué significa este insomnio, este despertar exaltado sintiendo que nada importa cuando uno no haya un alma en nada de lo que hace?
¿A dónde vuelan los pájaros que habitan tus ojos? Y esos pájaros ¿son de locura, son de esperanza, son de muerte, de frío, de fuego?
¿A dónde voy yo y qué es ese yo del que hablo, quién es, dónde habita? ¿Aún tiene un corazón vivo, que duele? ¿Aún es capaz de sentir? ¿Está dormido perpetuamente? ¿Será por eso que duele tanto tocar mis manos, mis brazos, mirar mi reflejo y no saber qué le pasa a esta mujer que habito? ¿Será, precisamente, que mientras se descifra - o al menos lo intenta- va dando tumbos como un pájaro herido, confiando en que alguien cure sus alas? Pero ¿no será que eso le toca a ella? ¿No será que ya basta de esperar que alguien la salve?
"¿Quién te puede liberar si ni siquiera sabes qué cadenas te atan?"