lunes, 3 de diciembre de 2007

...

A veces quisiera arrancarme este corazón como si fuera una costra, porque no deja de doler, nada deja de doler.
Sangra en silencio.
Punza, canta, gime porque no sabe qué mas puede hacer…
Quisiera tomar la vida -mi vida- en mis manos y arrugarla como un papel en el que he escrito tantas cosas que no son verdad…

Romper las paredes de una sola patada, romper las murallas que rodean mi alma, paredes oscuras y grises que no recuerdo haber puesto ahí.

A veces quisiera ser todo en un instante,
morir en la selva,
reír como un niño,
gritarle a la Luna con la voz de un lobo,
huir de la muerte con una carcajada,
sentir la lluvia en mis alas,
cantar como los desahuciados,
no mendigar jamás una sonrisa,
poder morir después de correr por la vida,
ser el ave que es asesinada en pleno vuelo,
ser el hombre que muere en silencio, acribillado,
ser la mujer que camina sola en la noche,
ser el eco de todos los gritos,
ser el cielo en una noche salpicada de estrellas,
brindar por esta locura que me encierra y me aísla,
dejar de pedir permiso para ser quien soy,
dejar de odiarme por no ser quien dicen que tengo que ser…



jueves, 8 de noviembre de 2007


Someday...

when I'm Awfully low and the world is cold, I will feel a glow just thinkin' of you...



Sueño con que todas las flores del Mundo amanezcan...

domingo, 4 de noviembre de 2007

¿De dónde nace esta ternura, esta belleza? ¿De dónde has llegado, pequeño, a iluminar el cielo, a colorear de nuevo este mundo mío tan descolorido? ¿De dónde vienes, acaso importa cuánto has tardado?
No. Lo importante es que existes, que ahora estás. Ahora.
Sólo por eso yo digo gracias a quien sea.

SONETO XVII
No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.
Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo el apretado aroma que ascendió de la tierra.
Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,
sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.
Pablo Neruda

domingo, 28 de octubre de 2007



Mariposa de sueño, te pareces a mi alma

y te pareces a la palabra melancolía...


beautiful boy...


Close your eyes,
Have no fear,
The monsters gone,
He's on the run and your daddy's here,
Beautiful, Beautiful, beautiful, Beautiful Boy,
Before you go to sleep,
Say a little prayer,
Every day in every way,
It's getting better and better,
Beautiful, Beautiful, beautiful, Beautiful Boy,
Out on the ocean sailing away,
I can hardly wait,
To see you to come of age,
But I guess we'll both,
Just have to be patient,
Yes it's a long way to go,
But in the meantime,
Before you cross the street,
Take my hand,
Life is just what happens to you,
While your busy making other plans,
Beautiful, Beautiful, beautiful, Beautiful Boy,
Darling, Darling, Darling Sean.


Sí, ya sé que es una canción de cuna para Sean Lennon, pero la tomo de préstamo para Emiliano.
Beautiful Boy...

sábado, 13 de octubre de 2007

Hay que ser realmente idiota para...


Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone.Puede que la palabra idiota sea demasiado rotunda, pero prefiero ponerla de entrada y calentita sobre el plato aunque los amigos la crean exagerada, en vez de emplear cualquier otra como tonto, lelo o retardado y que después los mismos amigos opinen que uno se ha quedado corto.
En realidad no pasa nada grave pero ser idiota lo pone a uno completamente aparte, y aunque tiene sus cosas buenas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma inteligencia y comprensión, y frotarse un poco contra ellos para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo va benissimo. Lo triste es que todo va malissimo cuando uno es idiota, por ejemplo en el teatro, yo voy al teatro con mi mujer y algún amigo, hay un espectáculo de mimos checos o de bailarines tailandeses y es seguro que apenas empiece la función voy a encontrar que todo es una maravilla. Me divierto o me conmuevo enormemente, los diálogos o los gestos o las danzas me llegan como visiones sobrenaturales, aplaudo hasta romperme las manos y a veces me lloran los ojos o me río hasta el borde del pis, y en todo caso me alegro de vivir y de haber tenido la suerte de ir esa noche al teatro o al cine o a una exposición de cuadros, a cualquier sitio donde gentes extraordinarias están haciendo o mostrando cosas que jamás se habían imaginado antes, inventando un lugar de revelación y de encuentro, algo que lava de los momentos en que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el tiempo.Y así estoy deslumbrado y tan contento que cuando llega el intervalo me levanto entusiasmado y sigo aplaudiendo a los actores, y le digo a mi mujer que los mimos checos son una maravilla y que la escena en que el pescador echa el anzuelo y se ve avanzar un pez fosforescente a media altura es absolutamente inaudita. Mi mujer también se ha divertido y ha aplaudido, pero de pronto me doy cuenta (ese instante tiene algo de herida, de agujero ronco y húmedo) que su diversión y sus aplausos no han sido como los míos, y además casi siempre hay con nosotros algún amigo que también se ha divertido y ha aplaudido pero nunca como yo, y también me doy cuenta de que está diciendo con suma sensatez e inteligencia que el espectáculo es bonito y que los actores no son malos, pero que desde luego no hay gran originalidad en las ideas, sin contar que los colores de los trajes son mediocres y la puesta en escena bastante adocenada y cosas y cosas. Cuando mi mujer o mi amigo dicen eso --lo dicen amablemente, sin ninguna agresividad-- yo comprendo que soy idiota, pero lo malo es que uno se ha olvidado cada vez que lo maravilla algo que pasa, de modo que la caída repentina en la idiotez le llega como al corcho que se ha pasado años en el sótano acompañando al vino de la botella y de golpe plop y un tirón y no es mas que corcho. Me gustaría defender a los mimos checos o a los bailarines tailandeses, porque me han parecido admirables y he sido tan feliz con ellos que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos o de mi mujer me duelen como por debajo de las uñas, y eso que comprendo perfectamente cuánta razón tienen y cómo el espectáculo no ha de ser tan bueno como a mí me parecía (pero en realidad a mí no me parecía que fuese bueno ni malo ni nada, sencillamente estaba transportado por lo que ocurría como idiota que soy, y me bastaba para salirme y andar por ahí donde me gusta andar cada vez que puedo, y puedo tan poco). Y jamás se me ocurriría discutir con mi mujer o con mis amigos porque sé que tienen razón y que en realidad han hecho muy bien en no dejarse ganar por el entusiasmo, puesto que los placeres de la inteligencia y la sensibilidad deben nacer de un juicio ponderado y sobre todo de una actitud comparativa, basarse como dijo Epicteto en lo que ya se conoce para juzgar lo que se acaba de conocer, pues eso y no otra cosa es la cultura y la sofrosine. De ninguna manera pretendo discutir con ellos y a lo sumo me limito a alejarme unos metros para no escuchar el resto de las comparaciones y los juicios, mientras trato de retener todavía las últimas imágenes del pez fosforecente que flotaba en mitad del escenario, aunque ahora mi recuerdo se ve inevitablemente modificado por las críticas inteligentísimas que acabo de escuchar y no me queda más remedio que admitir la mediocridad de lo que he visto y que sólo me ha entusiasmado porque acepto cualquier cosa que tenga colores y formas un poco diferentes. Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he amado y gozado esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros idiotas que han estado pescando o bailando mal, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tantos los idiotas que esa noche se han dado cita en esa sala para bailar y pescar y aplaudir. Lo peor es que a los dos días abro el diario y leo la crítica del espectáculo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi mujer o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta "L'année dernière à Marienbad", ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.

Julio Cortázar.
Imagen: Ros, la Idiota, columpiándose en su barquito.

Happy New Year



Mira, no pido mucho,solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Asì la tomo y la sostengo,como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,la sucesión de las cuatro estaciones,el canto de los gallos, el amor de los
hombres.


Julio Cortázar.

Esta ternura
Esta ternura y estas manos libres,
¿a quién darlas bajo el viento ?
Tanto arroz para la zorra, y en medio del llamado
la ansiedad de esa puerta abierta para nadie.
Hicimos pan tan blanco
para bocas ya muertas que aceptaban solamente una luna de colmillo,
el té frío de la vela la alba.
Tocamos instrumentos para la ciega cólera
de sombras y sombreros olvidados. Nos quedamos
con los presentes ordenados en una mesa inútil,y fue preciso beber la sidra caliente
en la vergüenza de la medianoche.Entonces, ¿nadie quiere esto,nadie?


Julio Cortázar

¡Gracias Israel!

viernes, 12 de octubre de 2007

Dame sólo una hora, un iluminado minuto en que yo deje de verte, serte, estarte, inventarte
Sólo la fugacidad de mi vida para dejarte por siempre en paz...

¿porqué no te vas en serio?

Tu sonrisa tortura a los espacios vacíos
Y tu boca entreteje marañas de humo errante
¡Si tus ojos fueran siempre esta noche!
Pero te vas sin pedir permiso
Te sacudes la humedad y la ternura

Te voy a dejarte de lejos
Sin consigna, sin avisar
Adiós y mañana empiezo.
Hombre solo, sólo niño
Quiero dejarte y me dejo sólo a mí.

desperate

Las paredes. El llanto. La soledad. Rayar con las uñas los muros. Mirar los ángeles decapitados. Mirar y llorar. La música, la tristeza, el silencio. La Música, la desesperación de no llegar, llegar y no encontrarte, perseguirte, correr, huir hacia ti, de ti, alejarme de tus calles, de donde tus ojos miran. Tu boca, tu boca llegando a la mía, tu boca chocando contra los muros de mis labios. La tristeza con sonido, con ritmo, la tristeza con violines, orquestada tristeza.
Los dedos cayendo sobre el diapasón. La sangre de los días que exprimo. Tus ojos, otra vez tus ojos auscultando mi cuerpo, tus ojos interrogando mis ojos vacíos. Hartazgo, ansiedad. Mi cuerpo se sacude, se muere, se llora, se deshace en espasmos que tú no entiendes. ¡Qué pasa? Pasa todo. No pasa nada. Pasa que me muero de esta locura, de esta tranquilidad. Pasa que camino y almaceno como los árboles, la lluvia en mi cuerpo. Y cuando lloro llueve sobre este triste tronco seco, muerto, roto, mi cuerpo se está echando a perder, mis brazos de ramas secas siguen extendiéndose y no llega la luna a tocarme.
¡La tristeza! La tristeza del café, de la tarde que llueve y no se decide, del día triste, todo el día triste que no culmina sino hasta que todos duermen, entonces al cielo se le aflojan las cuencas y llueve y patea y se desgañita la voz en truenos. Muero. Muero pero aquí sigo. ¿Qué quieres, qué te digo? Ya no creo en el amor. Supongo que estoy en el final. Estoy para irme, listo. No quiero nada más. Pronto llegarán cartas, gentes que se irán, mujeres llorarán con sus estrepitosas convulsiones de ambulancia, nubes que se irán para abrirme el paso. ¿Qué quieres? Abrazos. Besos. Yo quiero una piedra sobre mi cuerpo. Quiero ocultarme, perderme de tus ojos, de los ojos de todos. Estoy cansada, no tengo más. No quiero tener nada más. Mi garganta se está cerrando. Quiero dormir muchos años, quiero enterrarme en la tierra, olvidarme de que existo y ser el mueble que soy. La astilla, la piedra, la hoja seca en el suelo.
Quiero olvidarme del mundo. Pues el mundo me está olvidando desde que nací.
La Música. El llanto arrítmico, el llanto sincopado, las vértebras doblándose hacia el abismo, interrogar, escuchar. Perder. Caerme. Ponerme de pie y caminar. Aquí no pasa nada jamás. La Música. Mi silencio de cuatro cuartos, mi hastío de todo. Me voy. La Música…

martes, 11 de septiembre de 2007

algo para que tu corazón...

Vas de prisa y de todas maneras siempre llegas tarde... En algún punto de tu vida pareciera que perdiste esa mirada interior, esa que te ayudaba a tener una mínima -aunque clara- idea de quién eres...
A veces te miro triste, reflejándote en los cristales de un vagón, te miro y sé que en esa mirada hay preguntas, hay tristeza, hay desesperación. Desde muy pequeña te dijeron todo lo que estaba permitido, te enseñaron lo que es aceptable, te castigaron cuando no encajabas.
Esas personas ya no están y sin embargo tú sigues actuando por inercia, como tu propio verdugo, ignorante, ciego...
¿Cuánto tiempo más para que despiertes?

jueves, 16 de agosto de 2007



Esta soy yo. ¡Versión Simpson!

miércoles, 27 de junio de 2007

te pienso en este amanecer que aún no se decide a iluminarnos...

sábado, 23 de junio de 2007

this song...I think it's a good one

"Elderly Woman Behind The Counter In A Small Town"

I seem to recognize your face
Haunting, familiar, yet i can't seem to place it
Cannot find the candle of thought to light your name
Lifetimes are catching up with me
All these changes taking place, I wish I’d seen the place
But no one's ever taken me
Hearts and thoughts they fade, fade away...
Hearts and thoughts they fade, fade away...
I swear I recognize your breath
Memories like fingerprints are slowly raising
Me, you wouldn't recall, for I’m not my former
It’s hard when, you're stuck upon the shelf
I changed by not changing at all, small town predicts my fate
Perhaps that's what no one wants to see
I just want to scream...hello...
My god it’s been so long, never dreamed you'd return
But now here you are, and here I am
Hearts and thoughts they fade...away...
Hearts and thoughts they fade...away...
Hearts and thoughts they fade, fade away...
Hearts and thoughts they fade...

domingo, 17 de junio de 2007


También he amado con un corazón
que no puede caber en este cuerpo
con un corazón que ha amado desde lejos
despidiéndose anticipadamente
de todo lo que puede ansiar

El pasado es una calle
que se va quedando atrás

En las horas de frío y oscuridad
tus ojos han sido mi calle más iluminada
la sonrisa de algún inocente
mi pretexto para continuar

He caminado sobre las alfombras moradas
que tienden las muertas flores de la jacaranda
I'll never fall in love again...
promesa absurda, imposible...

La Mujer más Gorda del Mundo.

Soy un ser humano. Como cualquiera. Como pocos. La gente dice que soy muy gorda. La gente dice muchas cosas de mí que son mentiras. He oído, cuando camino por las calles de este pintoresco y triste pueblo, que las madres dicen a sus hijos: “Mira, esa señora está muy gorda porque come niños.” “Esa señora se comió todos los pollos de la granja de Agustín.”
Y los niños al verme, corren, porque creen que me los voy a comer, creen que arrancaré la escasa carne que tienen pegada a los huesos con mis dientes de león y mis garras de buitre.
Yo sólo me río.
Una vez traté de comer pollo, pero no pude, me puse a llorar cuando ensarté un pedazo de su carne en el tenedor. Se lo di de comer a mi perro, lo devoró en un santiamén.
Siempre he tenido la curiosidad de probar la carne, pero no puedo.
Una vez en un restaurante pedí pescado, pero, aunque nadie me cree, el pescado me miró, y de sus ojos comenzó a brotar sangre, su sangre manchó a todos, al mesero, a la señora con el vestido elegante, a los niños gordos que robaban los postres de las mesas vecinas, yo sólo grité y antes de salir le dije al gerente: deberían quitarle los ojos a los pescados que sirven porque cuando lloran manchan a todos de sangre.
El gerente me miró con lástima y me dijo: pobre gorda loca, se ve que nunca ha estado en un restaurante fino como este…
Pero yo no entiendo a qué se refería con eso de que su restaurante era fino, porque en los platos de la gente había animales muertos, había hígados, corazones, testículos, estómagos y uno que otro desecho. Luego comprendí que los ricos comen todo lo que se les ponga en un plato de porcelana con cubiertos de oro. Podrían comerse a sus madres si así se las sirvieran.
Muchos dicen que no es posible que esté así de gorda si no como carne.
Pues eso tampoco lo entiendo yo, creo que estoy así de gorda porque me trago todo, lo que siento, lo que pienso, lo que me duele, porque de sólo ver cómo comen los demás me da asco la comida.
Una vez trabajé en un circo. Porque llegó un circo al pueblo y fui a ver a los payasos y a los acróbatas. Había un “Teatro de Fenómenos”, al principio no entendí, pero luego me di cuenta de que gente poco común interpretaba obras de teatro, sí, esa noche interpretaron la más clásica, la que todo el mundo conoce: Romeo y Julieta, de William Shakespeare, sólo que Romeo era un enano que con zancos apenas medía noventa centímetros y Julieta era un hombre que tenía un extraño cuerno en la frente y que estaba vestido de mujer. Me dio mucha risa.
Al terminar la obra, el dueño del circo me detuvo en la entrada y me dijo: “oye gorda, tú harías una buena Julieta, no me agrada el hecho de que dos hombres se besen, además, le vas a gustar a la gente.
En ese entonces yo sí estaba muy deprimida por mi cuerpo, creía que una inmensa masa de sebo no serviría jamás, y que nunca nadie volvería a quererme como lo había hecho Emiliano.
(Emiliano era un carnicero que al verme se enamoró de mí. Decía que si encontraba una res del mismo volumen que yo, no pensaría dos veces en matarla y comérsela. Siempre me hacía “espléndidos” regalos. Una vez me llevó el corazón de un venado, dijo que simbolizaba su amor por mí. Otro día me regaló el estómago de una vaca y me dijo que me lo comiera, yo le dije que no podía y se enojó, me dijo “pinche gorda, maté a la mejor de mis vacas para darte de comer y así me correspondes, no me dirás que estás así de mofletuda porque no comes más que aire.
Ese día me hizo llorar, porque me tuve que comer el estómago de la vaca para encontrar un anillo de oro y una nota ensangrentada que decía “te amo culona”, corrí al baño a vomitar.
Al día siguiente me preguntó: “¿te gustó mi regalo?”, yo le di el anillo y le dije: te odio enclenque, nunca había comido carne, nunca había comido animales muertos y tú me obligaste a hacerlo.
Sacó un cuchillo del cajón y cerró puertas y ventanas, hizo ademán de encajarme el cuchillo en el corazón y dijo “mira gordita, si hoy es el último día que vas a estar aquí, te voy a violar, y luego te voy a sacar el corazón, y un día, cuando tenga mi rancho y mis amigos vayan a visitarme y vean tu corazón en un pedestal, agusanado, les diré que fue de una res, la más gorda que tuve.” En su intento de violación yo no me resistí, le dije: serás el primer hombre que me hace el amor. Lo hice sentir importante.
Pero lo cierto es que cuando pudo quitarme la ropa le dio un paro cardiaco y ahí se quedó tirado.)
Así que sin más rodeos acepté ir a trabajar al Teatro de Fenómenos.
Fueron tiempos ‘gloriosos’ en mi vida, la gente decía que era una hermosa Julieta y que Romeo no podía estar mejor, ahora Romeo era el hombre del cuerno. Llegué a acostumbrarme a besarlo y terminamos enamorándonos. Él me regalaba flores, perros, gatos, dulces, cigarros y libros. Y él nunca me hizo sentir mal, nunca me gritó ni me echó en cara que era una obesa.
El hombre del cuerno fue el amor de mi vida.
Pero bien dicen que nada dura para siempre, aunque cruel, es la verdad. El hombre del cuerno, el único que me amó, murió.
Un día, en una de nuestras interpretaciones, él se acercó al balcón, que era uno de los trampolines donde los acróbatas se jugaban la vida, no sé por qué razón nos cambiaron ahí, tuvo que usar unos zancos que medían dos metros, al tratar de alcanzarme uno de los zancos se partió, su cuerpo se quebró como si fuera todo de cristal, era una altura tremenda, aún con zancos tenía que brincar.
Fue muy triste. Cuando bajé a verlo estaba desfigurado. Su cabeza estaba hecha añicos y el cuerno se desprendió de su frente. Lo guardé como un tesoro, aún lo tengo.
Después de su muerte renuncié al Teatro de Fenómenos y encontré trabajo en una clínica que por cierto no era muy común. Ahí había cuartos para la gente, cuartos con las paredes pintadas de blanco. Metían a la gente y los ponían a dibujar en las paredes lo que ellos sentían. Me mostraron el cuarto donde estuvo un asesino.
Los primeros dibujos, todos tenían que ver con la muerte, eran de hombres y mujeres matándose, de niños matando a otros niños.
Luego en otra pared había dibujos de ángeles, muchos ángeles que desde el cielo miraban todo.
En otra pared estaba él, mirándose en un espejo y con mucha tranquilidad en su rostro.
La última pared estaba en blanco.
Me explicaron que los pacientes, cuando se recuperaban, ya no dibujaban nada en la última pared. Que esto significaba que estaban listos para empezar sus vidas como si hubieran vuelto a nacer.
Al principio pensaba que eran unos estúpidos, porque ¿cómo un asesino podría ‘regenerarse’?
Pero más tarde vi que sí funcionaba.
Conocí a un niño. Se llamaba Jonás. Este niño podía leer la mente. Entonces yo no necesitaba mover la boca, me decía “ay Argelina, tú no necesitas que dios te mande un ángel, tú eres un ángel”, y luego yo pensaba ¿cómo una enorme bola de carne puede ser un ángel? Y él me decía “un día, Argelina, te vas a morir y toda esa carne se pudrirá, Argelina: lo que permanece es el alma, la esencia, y tú eres un alma noble.”
Jonás dibujaba toda clase de cosas en las paredes, dibujaba los pensamientos de los demás. Pero un día sólo me dibujó a mí, era una figura grande, enorme como yo, y desde dentro salía una luz. Jonás me dijo que yo tenía el poder de leer la mente, igual que él, que todos lo tienen pero que unos lo desarrollan y otros no, me dijo también que eso se debía a que nosotros somos más sensibles y menos automáticos, y era verdad.
Uno de esos días le llevé a Jonás un libro de los que me había regalado el hombre del cuerno, el amor de mi vida, el niño lloró y me dijo “Argelina, tú eres mi ángel, siempre lo serás”. Tomó el libro y en un parpadeo lo leyó.
Esa noche me quedé a dormir al lado de Jonás, en un sillón, al día siguiente ya no respiraba. Yo escuché una voz que decía “no estás sola” y sonreí.
Poco tiempo después de que murió Jonás me despidieron, porque era una empleada y no debía relacionarme con los pacientes, muchos lloraron cuando me fui.
Gabriel, que había sido un asesino, me dijo que me extrañaría y que mataría porque no me fuera. En efecto, mató a varios doctores, a uno le encajó un bisturí en la yugular, a otro lo ahorcó y a otro le inyectó veneno, pero aún así no me regresaron mi empleo.
Y Gabriel fue a dar a la cárcel.

Creo que ese fue el trabajo que más amé, la gente me quería ahí, nunca nadie me dijo que era una gorda, nunca me hicieron sentir mal porque no como carne.
Creo que aunque eso forma parte de mi pasado, aún lo vivo.
Cuando voy al pueblo algunos me saludan con gusto, otros corren porque creen que me los comeré.
Pero yo sólo quiero vivir, para recordar, para seguir conociendo el mundo en que me tocó existir.
Aún pienso en Emiliano, en el hombre del cuerno, en Jonás y en Gabriel. Me dijeron que éste ultimo se suicidó porque estaba enamorado de una mujer a la que nunca le pudo decir que la amaba. Una mujer de la que lo separaron. Muchos dicen que esa mujer soy yo.
Pero no sé. La gente habla muchas cosas que no son ciertas.
Yo no como niños.
No puedo ver un pollo muerto sin llorar.
Siempre he sido muy débil, siempre he creído en el amor y en el respeto.
Voy a caminar por el pueblo. A ver qué me encuentro. A ver si trabajo en algo, a ver si puedo comer aire.
Mi vida no es el infierno que todos creen que es…
Coração Vagabundo
Meu coração não se cansa
De ter esperança
De um dia ser tudo o que quer
Meu coração de criança
Não é só a lembrança
De um vulto feliz de mulher
Que passou por meus sonhos sem dizer adeus
E fez dos olhos meus um chorar mais sem fim
Meu coração vagabundo
Quer guardar o mundo em mim.
Caetano Veloso

jueves, 31 de mayo de 2007

me sobra el corazón

HOY SÓLO TENGO ANSIAS DE ARRANCARME DE CUAJO EL CORAZÓN Y PONERLO DEBAJO DE UN ZAPATO...



m.h.

lunes, 28 de mayo de 2007


Ayer es un gran árbol de largas ramazones, y a su sombra estoy tendido, recordando...

Pablo Neruda.

domingo, 27 de mayo de 2007

adiós Miguel (una canción que jamás tendrá Música)



Bueno, quiero decirte que aunque tú y yo emigremos -porque así lo queremos o porque la vida nos reclama en algún otro sitio- eso no impedirá que lleguen mis besos como una leve lluvia hasta tus manos.


Eso no será un pretexto para que yo deje de pronunciar tu nombre, y de esa manera, te traiga un poquito hacia mí.


En medio de tu llanto, al principio del miedo, yo voy a seguir abrazándote desde algún lugar.

Pintura: Pablo Picasso

Amado Extraño...


Yo sé lo que te duele. (Vamos a pretender por un segundo que lo sé.)
Te duele cada tango imaginario que bailas a solas en el subterráneo, te duele ese libro que tomas en las manos como si leyéndolo pudieras olvidar que estás en este Mundo.
Te duelen los niños que no sufrirán mañana, que ya sufren hoy.
Te duele cada mentira repetida por miles y miles de extraños, que a fuerza de repetirla, la han convertido en verdad. (Y esa verdad arde, porque en nada se parece a la vida.)
Quizás te duele en la memoria una imagen repasada, casi rota, de alguien que -no puedes recordar- soñaste, amaste, perdiste. Eso sólo tú lo ignoras (o lo sabes.)
Quizás te duele, Amado Extraño, quizás te punza en cada yema de los dedos el Mundo, quizá los ojos se te cierran sin quererlo tú, quizás sea tan solo este tiempo en el que has corrido sin saber porqué, ignorando absolutamente a dónde vas y si vas porque quieres o tan solo te dejas llevar.
Quizás sea sólo La Noche, que entra como un triste perro abandonado por la puerta trasera de tu corazón, a suplicarte una finísima caricia.
(Pintura de Roger Olmos)

Oda al Gato

(para todos los gatos del mundo, gracias por existir)

ODA AL GATO (DE PABLO NERUDA)

Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.
El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.
No hay unidad como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa

como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.
Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.
Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.



Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.

de Espantapájaros

Oliverio Girondo
VIII, de Espantapájaros

" Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera! Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo -me pregunto- todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un egoísmo... de una falta de tacto.
Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas. Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas todas juntas a la mierda. "

Soneto XVII de Pablo Neruda, Cien Sonetos de Amor

Soneto XVII
No te amo como si fueras rosa de sal,
topacio o flecha de claveles que propagan el fuego:
Te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva dentro de sí,
escondida, la luz de aquellas flores
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,

si no así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

¿a dónde...?

¿A dónde vuela el sueño, porqué de pronto me abandona? ¿Qué significa este insomnio, este despertar exaltado sintiendo que nada importa cuando uno no haya un alma en nada de lo que hace?
¿A dónde vuelan los pájaros que habitan tus ojos? Y esos pájaros ¿son de locura, son de esperanza, son de muerte, de frío, de fuego?
¿A dónde voy yo y qué es ese yo del que hablo, quién es, dónde habita? ¿Aún tiene un corazón vivo, que duele? ¿Aún es capaz de sentir? ¿Está dormido perpetuamente? ¿Será por eso que duele tanto tocar mis manos, mis brazos, mirar mi reflejo y no saber qué le pasa a esta mujer que habito? ¿Será, precisamente, que mientras se descifra - o al menos lo intenta- va dando tumbos como un pájaro herido, confiando en que alguien cure sus alas? Pero ¿no será que eso le toca a ella? ¿No será que ya basta de esperar que alguien la salve?
"¿Quién te puede liberar si ni siquiera sabes qué cadenas te atan?"

martes, 17 de abril de 2007

La nostalgia...

Pararse detrás de una ventana cuando la tarde deja de incendiar el cielo... masticar una palabra, un gemido que nadie ha extraído de este cuerpo en el amor... tocar el vidrio tibio con las yemas de los dedos, y sentir que la boca empieza a extrañar un beso largo que nunca ha recibido, de nadie, ni siquiera de la propia boca reflejándose en el espejo. Buscar hacia dentro ese músculo que bombea y pulsa, sacarlo lentamente y desgranarlo como a una mazorca, quitarle de encima los recuerdos que lo están petrificando quitarle de encima los rostros, los odios, los amores que ya se han ido, que nunca van a pasar por aquí, de nuevo, ni por error...

domingo, 8 de abril de 2007

Todos tienen una pasión. Todos.
Al menos, como una nube, durante algún sueño, pasa volando cerca de ti, dejando un hilito, una estela delgadísima, frágil... pero esa rayita o garabato diminuto, delicado, quizás exageradamente tenue, es ya un indicio. Ignorarlo o intentar espantarlo como si fuera una mosca no sirve de nada... Está saliendo de ti.

A veces tengo miedo...me paraliza darme cuenta de que todos van caminando hacia algo, todos construyen en silencio un trayecto invisible, van llenando el viaje de su vida -a veces, muchas veces sin darse cuenta- de cosas hermosas. El camino se convierte, entonces, en la propia vida, quizás el objetivo se desdibuje o incluso cambie, quizás la salida del laberinto no sea ya algo que te preocupe encontrar, porque quizás en el camino te des cuenta de que vale la pena perderse, dar pasos hacia atrás, retomar por ese callejón que creías que no tenía salida y reírte cuando te percatas de que ahí se abría otra ruta que decidiste ignorar -únicamente porque creías que ahí no había nada más que otro muro-.

Pero esto no es un lamento, es algo que te digo nada más porque yo así lo observo ahora, porque así lo siento ahora...

Tal vez te apasione Brasil, tal vez el cine, tal vez la música, tal vez te apasione el alemán, los libros, la poesía, los amigos con quienes sabes que puedes compartir hasta la miseria y que hasta en esa miseria te van a abrazar, tal vez te apasione el teatro, las noches en el centro, tal vez la muerte, la vida, la tristeza, tal vez China, Cuba, cantar, amar desmedidamente porque ese en sí es el único amor que merece ser llamado amor, tal vez los gatos, la Luna, el Mar, las mujeres, una mujer, todas, un hombre, todos los hombres, los días de lluvia o de sol, los días de lluvia y sol...
Que nadie te diga que estás muerto, que nadie te robe el placer, el dolor -a veces, porqué no decirlo- la alegría, la desesperación, en fin, la pasión de jalar el aire y aún con todo lo que es y no es, poder decir: aquí estoy.
No lo sé. No sé cuánto tiempo he caminado así…te recuerdo, a veces te sueño, supongo que falta decir algo, hacer algo, pero ¿para qué? ¿Ya para qué? ¿Cuánto tiempo más necesito para darme cuenta de que todo terminó (hace siglos)? Y sin embargo miro hacia ti, te miro, te percibo, te siento, me siento cuando te contemplo, vuelvo a ser una niña, un corazón latiendo, vuelvo a sentir la tierra sobre la que estoy de pie. ¿Por qué? ¿Por qué me aferro? Todavía este corazón se desboca apenas escucha tu voz, todavía estos ojos tristes, perforados, huecos, son capaces de sonreír si te miran, aunque sea en el recuerdo. Todavía puedo volar por ese pasado, y si vienes, aunque sea a visitarme, puedes darte cuenta de que te miro, te pienso, te repienso. Y todavía lloro por todo lo que fue, por lo que nunca será, por quererte, por no haber podido dejar de quererte, por estar siempre tan lejos de todo…

viernes, 6 de abril de 2007

perguntas

Pero... yo me pregunto...

la vida dosificada
la vida mesurada
la vida planificada
la vida esquematizada
la vida asegurada
la vida calculada
la vida, pobrecita, encajonada...

¿es vida?

Lost and Found

Lost and found

Bajo este cielo de humo, bajo este cielo pintado por el gris de las almas
Hay ojos que aún se abren, pies y hombres que caminan hacia la muerte
dosificada en ocho o más horas diarias,
todos los días entran a la boca de un edificio horrible que los devora y los exprime
hay carros que andan desesperados como si en verdad fueran a algún lugar
gentes perfumadas y recién lavadas que miran sus relojes y se apretujan unos contra otros por un lugar en el subterráneo
señoras preocupadas por sus bolsas, por lo que uno no es, por lo que uno es y existe
niños que se emocionan por el traqueteo del tren, que imaginan ir hacia cualquier lugar menos a una mugrosa estación del metro donde no espera nadie sino más gente cansada, triste, medio muerta, medio ciega, que no puede ya fijarse por dónde va, ni sobre qué corazones camina.

Bajo este techo cenizo, medio húmedo que imita al Cielo
Corro, soy una hormiga entre las gentes que siempre tienen a dónde ir
Soy una flema que se desplaza como una sombra, un sonido ahogado y terrible que chilla en lo más bajo, que se mantiene muy tenue en medio de todos los otros ruidos de la ciudad. Corremos hacia atrás, cada vez más lejos de nosotros mismos
¿Y qué importa, preguntan tus ojos tras los cristales? Tal vez no importa mientras los camiones sigan rugiendo en cada alto, tal vez no importa si cada vez que sales te preguntan si tienes monedas, si puedes comprar algo, si puedes consumir hasta que vomites por todos tus agujeros, tal vez no importa si la música sigue siendo ese golpeteo sin sentido que se deja escuchar al fondo de tu cuarto, si eso es todo, tal vez no importa que la gran rueda siga girando hasta sacarnos sangre, lágrimas y gemidos, tal vez no importa nada, tal vez no importa ir todo el tiempo cayendo, chocando contra paredes y cuerpos.

Ríes.
Tu risa cae como navajas sobre el despellejado. Tu risa corroe los enunciados, los dolores, perfora razones, taladra los días, despedaza la historia.
Los rostros de todos los que se dicen locos pero que se aburren de su inevitable cordura y se ahogan en botellas que los van vaciando cada vez más.
La calle es el abismo, el escenario. Gente que viene y se borra, gente que observa a otras gentes y que jamás se cuestiona. Ríes. La gran máquina ha dejado de ocultarse, ahora camina y tritura cráneos, corazones aún vivos.
Las cosas que hacemos ya no tienen alma.
Todo el tiempo corremos, vamos a vivir, no hay tiempo, vamos a hacer que vivimos, no hay tiempo,
Llegar al sitio que llamamos casa y estarnos ahí como otro mueble.
La vida debe ser otra cosa, muy lejana, muy contraria de esto.
Escucha…

Estarse en silencio para algunos es tortura. Hay que hacer ruido. Hay que gritar, dar de patadas, golpear los metales, hay que hacer ruido para no pensar, para no sentir ese gran hueco que es la ausencia. Vamos, pues, a anestesiarnos más aún. Sí. Vamos a mover la boca, seamos los títeres, no diremos nada, no escucharemos a nadie.
Que caiga el estruendo sobre nosotros. Vamos a suponer que estamos viviendo. Que esto es la vida, la gran vida. Esta apariencia, ignorémosla, creamos pues, que estamos existiendo y que no hay nada más que hacer que aturdirnos y olvidarnos.

Bajo esta manta pintada de cielo. Está bien. Juguemos.
Esta es la guerra. La guerra que nos hacemos unos entre otros, algunos sin darse cuenta.
No siempre se necesitan armas para matar.
Estas balas que usamos en la ciudad no desangran el cuerpo.
(no todavía)

Gente que pasa.
No miramos ni siquiera nuestro camino, hay miedo, hay terror, hay ese pánico que se vuelve cada vez más hediondo y espeso.
Anuncios tamaño náusea dicen lo que “deberíamos” ser.
Y muchos matan por ser…
Mueren por ser,
Pero mueren por ser,
No somos…

Basta.
De mirar al otro desde lejos, desde nuestra miseria mirar la miseria ajena.
Deseos de tener lo absurdo, lo inútil (que creemos necesitar), de mirar el reloj como si el tiempo se encerrara en esa diminuta y ridícula esfera,
mírenme, hago millones por exprimir gentes como si fueran frutas,
mírenme, en la cima de esta mierdosa montaña acumulando todo lo que aquí se va a quedar,
mírenme, alábenme, estoy arriba, lejos de todo lo que pueda tocarme, he dejado de ser, de sentir, de pensar.
Me yergo como el dios de la porquería. Compre todo lo que no pueda comprar. Compre todo lo que no necesita (siempre habrá alguien que lo convenza de lo contrario).
Aquí estoy, como el gran signo, se arrodillan ante mí y matan por mí. El gran signo, el inanimado signo ha cobrado vida y está casi hecho uno con cada alma.